Un cóctel de liderazgo, éxito y suerte.
El otro día vi un vídeo de un tema que me apasiona: el éxito, y todo lo que ello conlleva. Este vídeo trataba, en concreto, de cómo influye la suerte y el esfuerzo en nuestro éxito. La verdad es que me pareció una reflexión que deberíamos hacer todos en algún momento y os lo recomiendo un montón para poneros en situación antes de leer este blog.
Como todos hemos podido concluir tras ver el vídeo… (ejem, ejem, va míratelo que te lo estoy recomendando con mucho cariño), el éxito solo se consigue con esfuerzo pero no podremos alcanzarlo si no tenemos algo de suerte. Y, ¿qué pasa cuando eres exitoso pero te olvidas de la suerte que has tenido para llegar a eso? Pues que solo te fijas en tu esfuerzo lo que, por lógica, te lleva a pensar que los que no lo han conseguido no se han esfuerzado lo suficiente. Este es el, temido por todos, sesgo del superviviente muy peligroso en líderes.
En el sistema educativo, el sesgo del superviviente se traduce como aquel profesor que se pasa la vida quejándose de que sus alumnos no se esfuerzan lo suficiente y de que cada vez se les exige menos, comparando estudiantes, llamando vagos a unos y estudiosos a otros… Todo esto y más sin tener en cuenta la suerte de cada uno de sus estudiantes, y que puede que unos sin mucho esfuerzo estén logrando buenas notas y otros, con muchísimo esfuerzo no den ni al palo.
Viendo el panorama, me resulta muy refrescante aprender sobre autores como Jim Collins y su investigación de los CEOs de empresas exitosas en EEUU. Lo que nos cuenta es la grata sorpresa de que la mayoría no tenían este sesgo del superviviente ya que compartían dos cualidades maravillosas. La primera era la voluntad, ese esfuerzo y dedicación desmedida por seguir su inmensa pasión; la segunda, la humildad como señal de su profunda observación hacia el mundo que les rodea. Esta capacidad de escucha, observación y rectificación le aporta una conciencia de su posición, de su nivel de suerte en comparación con la de sus trabajadores lo que, a su vez, le permite conocer sus psicologías, sus puntos fuertes y débiles y los suyos propios. Así, entiende cómo cada uno trabaja mejor y con quién puede tener más sintonía; haciendo que su empresa funcione de la mejor forma.
De nuevo, llevándolo al sistema educativo me imagino colegios donde no se etiqueta a los niños sino que se les observa y entiende. Profesores como líderes con voluntad y humildad que escuchan a sus alumnos de verdad y les dan soluciones realistas y personalizadas a sus necesidades. Profesores que se paran a pensar con quién se van a complementar mejor cuando les agrupan o que empatizan con ellos cuando suspenden y se responsabilizan para ayudarles en el próximo examen. Está claro que a veces hay falta de esfuerzo en algunos estudiantes pero no hay que quedarse ahí, sería muy reduccionista.
Ha sido una entrada un poco improvisada pero como siempre…
Espero que os haya aportado algo (lo que sea) y de nuevo, os invito a mis queridísimos lectores a contarme vuestros pensamientos, críticas y quejas en los comentarios y a seguirme si queréis leerme más je je
Besitos, Lucía.
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